Desde hace unos años, una serie de personas relacionadas con el Campo de Montiel que engloba diversas iniciativas, disciplinas académicas e inquietudes sociales, se organizaron para comunicar al conjunto de la sociedad, en primer lugar el potencial de valores que hacen de esta tierra un espacio único como atractivo histórico, cultural, natural y patrimonial, destacando sus valores propios íntimamente relacionados con una obra de arte de carácter universal como es el Quijote.

Desde el primer momento, entendimos la importancia y el beneficio de tan interesante proyecto que significa la solución a gran parte de las afecciones que durante siglos han mantenido aletargada la evolución del progreso tal como lo entendemos en cuanto a parámetros cualitativos y cuantitativos con el mundo contemporáneo.

Precisamente habernos mantenido relegados en ciertos aspectos, supone hoy un recurso de primer orden en comparación con otras zonas afectadas por un desarrollismo incontrolado. Porque la ancestral y lenta economía de esta tierra, basada en la subsistencia agraria ha permanecido básicamente igual en sus modos de proceder, exactamente con la misma estructura social, administrativa y comercial que conoció Cervantes en su quehacer como comisario de abastos recaudando sobre todo trigo y aceite para mantener la Armada Invencible.

En el siglo XVII los pósitos de los concejos de villa acaparaban y distribuían el grano. Hoy lo hacen las cooperativas con el aceite o el vino. Los campos se roturaban con yuntas de mulas o bueyes. Hoy por suerte, para comodidad de todos, con potentes tractores. Pero el flujo de roturación de sembrados y barbechos continúa exactamente igual. Obteniendo como resultado de todo esto, algo de suma importancia, pues en esta tierra permanece inalterado el mismo modo de vida que ha dado lugar al paisaje que conocieron los ojos del observador Cervantes. Espacio antropizado por la ancestral agricultura que la aspereza del clima y las condiciones del suelo han impuesto a toda esta comarca. Siendo la única de todos los espacios cervantinos que no ha sido transformada por la industrialización del campo.

Así pues en el Campo de Montiel histórico, comprendido en las Relaciones Topográficas de Felipe II, estudiado en época de Cervantes y comparado con la actualidad, se observa de modo general que se mantiene intacta la atmósfera paisajística donde perdura como en ninguna parte del Mundo ese doble espíritu quijotesco y cervantino que contiene la inspiración de un escritor solitario transfigurado en su inmortal personaje como Caballero de la Triste Figura, vagando por las aventureras magnitudes de unos paisajes surcados de caminos importantes hacia los cuatro puntos cardinales, bajo las atrayentes siluetas de Sierra Morena, marcando los destinos que la creatividad del genio convirtió en novela inmortal.

El Campo de Montiel es el reducto paisajístico más auténtico, bello, sugerente e inspirador de todos los espacios que conforman los escenarios del Quijote. Sin duda alguna aporta un valor que suma activos a La Mancha clásica de las míticas siluetas de los cerros de molinos de Campo de Criptana, Consuegra, Mota del Cuervo o Alcázar de San Juan. Complementando y concretando esa idea tangible y a la vez abstracta que casi todo el mundo sin darse cuenta, percibe en el Quijote como la auténtica existencia del protagonista de las aventuras del Quijote.

Sí. Este del Campo de Montiel, es uno de los territorios mágicos del Quijote, capaz de hacerte ver el espíritu de Don Quijote en cada una de las irrepetibles perspectivas arquitectónicas de una ciudad del Siglo de Oro conservada desde los cimientos hasta el orgulloso chapitel de la torre herreriana de la monumental Villanueva de los Infantes.

También aquí, como las nieblas invernales o las canículas del estío, es muy fácil ver con un mínimo de interés cultural, los espectros caballerescos de la Batalla de Montiel. Antecedente determinante de la Historia de España y una de las llaves que abrieron la puerta de la Edad Moderna con El Descubrimiento.

Las milenarias siluetas de los Cerros de Montiel, erosionadas por las hachas de miles de esclavos romanos, abriendo camino a los vergeles hortelanos de los tantos miles de labriegos almohades; son los testigos más viejos de esta tierra caballeresca por excelencia. Donde el tiempo siempre transcurre por detrás del presente, dando oportunidad a mentes agudas e ingeniosas como la de Cervantes, para haber visto mejor que en ninguna parte, un venturoso amanecer de julio manchego, al anacrónico y fantasioso hidalgo, despertando literalmente al Mundo, en el Campo de Montiel, saliendo por la puerta falsa del corral. Para que como hoy y como siempre, no servir de blanco a los escrutadores ojos de un pueblo llano sometido a las rutinaria costumbre, escandalizando su seso todo cuanto la incumplía.

En el Campo de Montiel, se concentra el conjunto de pueblos más quijotescos del mundo entero. Veintitrés villas que aunque alteradas en superficie, en el fondo perduran tal cual el correr de la historia las construyó lentamente hasta que las gobernaron los hidalgos santiaguistas inspiradores de Cervantes.

Pueblos pequeños bien situados en el paisaje sin la afección de severas intervenciones urbanísticas que hayan desvirtuado su esencia.

Fuenllana, la más pequeña de todas las villas. La tercera más antigua después de Montiel y Alhambra, mantiene toda la trama, fisonomía y aspecto que cualquiera que busque un pueblo manchego y del Quijote podrá encontrar con toda la autenticidad propia de las descripciones cervantinas. Calles sinuosas pobladas de casas de labranza engalanadas con hermosas fachadas blancas, protegidas con robustas rejas de forja. Entrada principal y portada de carruajes. Plazas recoletas sombreadas con el frescor de arboledas. Románticas ruinas de una iglesia gótica donde permanecen enterrados los Canuto.

Terratenientes aspirantes a hidalgos, emparentados por matrimonio en las lujosas bodas con los Ballesteros que sirvieron de inspiración al escritor para Las Bodas de Camacho.

Plazas Mayores de las más bonitas de castilla y sin ninguna duda las más literales del Quijote. Donde se acumulan recuerdos de mercados medievales, reatas de arrieros, carromatos de titiriteros, diligencias de los caminos reales, cortejos místicos y todo el ambiente del Siglo de Oro. Contenido como en el cofre de caudales de la literatura española en las bellísimas plazas de La Solana, Infantes, Villahermosa y Villamanrique.

Y por si todo eso fuera poco, hay muchísimo más, curiosamente esperando a ser puesto en valor por esa imprescindible sociedad avanzada que tienda a la optimización de recursos sostenibles que contribuyan a ese deseable nivel de calidad que nos debemos todos, sin dejar de pensar en las generaciones venideras y el disfrute de las presentes.

Tenemos también, como el mismo don Quijote, un río fantástico, casi encantado que se desborda en lagunas, atrayendo la atención de todos cuantos disfrutan con la contemplación de la belleza, tal cual le ocurrió a Cervantes, deleitándose en la Cueva de Montesinos de Ossa de Montiel y en las propias Lagunas de Ruidera. Parque Natural que debe además ser Patrimonio de la Humanidad, junto con todo el enclave histórico, literario y natural del Campo de Montiel, por ofrecernos la prueba tangible y viva de la creación de una de las obras de arte más importantes de la creación humana. Además uno de los primeros romances de las letras castellanas, el de Rochafrida, también brotó aquí como las frescas aguas del Guadiana.

Es mucho y más que suficiente lo que el Campo de Montiel contiene y ofrece al mundo entero, sumando gran valor a La Mancha y a los espacios cervantinos de la Cultura Española y Universal, manteniendo la esencia latente que posibilita la puesta en valor, disfrute y rentabilización de unos recursos heredados por la historia que deben transferirse mejorados al conjunto de la humanidad por la importancia de su autenticidad irrepetible.

Desde esta tierra pequeña en lo físico e inmensa en su mítica atmósfera literaria, se piensa con generosidad y respeto hacia toda La Mancha, a la cual se la quiere como la madre que nos parió a todos los manchegos y nos enorgullece que Don Quijote difunda el nombre de nuestra tierra por todo el orbe. Habiendo dado lugar a que nuestro idioma sea conocido como la Lengua de Cervantes.

Por tan elementales y sensatas razones, debemos sentirnos orgullosos de lo español, pero no vanamente como quien sin mayor razón que el fanatismo, el localismo o el chovinismo alude a su pueblo o su país como lo mejor del mundo, sin fundamento. En este caso, la realidad muestra un conjunto de valores acumulados por los avatares del tiempo y la suerte de haber permanecido en una pequeña comarca como el Campo de Montiel, aislada del nefasto desarrollismo, esperando la oportunidad de ser reconocida por una sociedad mejor preparada para sacarle todo el partido que contiene.

Es la zona más monumental de toda la provincia de Ciudad Real a la vez que junto con la comarca de Los Montes, la mejor conservada a nivel paisajístico y natural. El patrimonio arqueológico todavía no se ha cuantificado en su real magnitud porque no se ha estudiado como merece. Pues comenzando con la Vía Augusta que abarca todos los municipios del sur y terminado en Alhambra y Villanueva de la Fuente que atesoran ingentes sorpresas bajo el subsuelo, se posee más que suficiente para ser tenidos muy en cuenta a todos los niveles.

El conjunto de iglesias-fortaleza legadas por la Orden de Santiago, junto con los castillos de Montiel y Montizón, dan idea de la riqueza patrimonial. Santuarios neolíticos de importancia mundial como el Castillejo del Bonete en Terrinches. Villas romanas en Albaladejo.

Dificilmente podría pedirse más. Y sin embargo hay mucho más. Castellar de Santiago y Torrenueva, además de ser zona de paso de linces, conservan la identidad de las últimas poblaciones designadas por la Orden de la Santiado, donde todavía los retazos de las grandes dehesas boyales imprimen personalidad y belleza a un paisaje de transición de las llanuras manchegas a las estribaciones de Sierra Morena.

Una de las últimas colonizaciones ordenadas por Carlos III se materializaron aquí en una de las plazas más sorprendentes e inesperadas por su monumental belleza rural en San Carlos del Valle. Plaza fortaleza que como una miniciudad medieval en plena Ilustración poseía la particularidad de cerrar sus puertas ante invasiones de bandoleros.

En Membrilla disponemos del mejor molino de agua de toda la comarca y posiblemente de la provincia además de tesoros que no deberían perderse como la obra pictórica del internacional Ximénez, arte contemporáneo que retrotrae a la Movida Madrileña, descubriendo uno de esos fenómenos manchegos tan propios de esta tierra, donde surgen genialidades como el dramaturgo Nieva o el cineasta Almodóvar.

Es muy difícil concentrar en un territorio tan pequeño tanta genialidad y tantos personajes de rango internacional. Yáñez de Almedina, discípulo de Leonardo, introductor del Renacimiento pictórico en España, aquí nació.

Quevedo se retiró a su señorío de Torre de Juan Abad para sumar todo lo que hoy hace de esta tierra, espacio universal.

El Campo de Montiel es un tesoro latente esperando a ser puesto en valor con el prestigio que merece toda La Mancha y la obra de Cervantes. Lo más importante y prestigioso de la cultura española que por fin ha sido tratado como ese Asunto de Estado que merece una obra de su envergadura. Como ciudadano de esta tierra y defensor de la misma, agradeceré siempre el gesto de los reyes por dignificarla con su presencia y promocionar ante el mundo este maravilloso enclave que merece nuestro respeto y atención por valores propios y por su vinculación con la primera novela moderna de la historia. Lo cual nos compromete a no dejar de trabajar para hacer realidad el merecimiento de convertirla en herencia y legado de toda la humanidad a través de la catalogación de la Unesco.

Salvador Carlos Dueñas, 11 de junio de 2016