Tesoros del Campo de Montiel

En este raro invierno de 2016, además de experimentar anomalías climatológicas que han mantenido las temperaturas considerablemente más elevadas de lo que habitualmente conocemos, también soportamos una perniciosa sequía arrastrada desde la escasez de lluvia del año anterior; y encima sumamos la preocupación de sufrir la codicia invasora de unos gestores públicos, que llamándose políticos ensucian la necesaria función de la política en el término más noble de su acepción como instrumento que articule una justa y correcta organización social donde los avances técnicos sirvan a la humanidad para hacer un mundo mejor para todos.

Sin embargo, estas personas que cobran muy buenos sueldos, además de multitud de privilegios, gracias al favor y a la confianza que los ciudadanos han puesto en ellos a través de la libre y legítima elección del voto, se arrogan el derecho de posesión del territorio que les ha sido asignado por el Pueblo para representarlo, defenderlo, preservarlo, mejorarlo y rentabilizarlo de modo que se fomente la calidad de vida y el bienestar para todos.

Lo cual demuestra que hay que ser muy cautos a la hora de votar. Pues a la vista está que no todos aquellos que prometen un mundo mejor, lo llevan a efecto para el conjunto de la sociedad. Limitando ese mundo mejor a su entorno inmediato. A sus conveniencias e intereses particulares. Traicionando descaradamente la ingenua buena voluntad del votante.

Poseemos un completo código civil que tipifica multitud de delitos para todos aquellos ciudadanos que pretenden saltarse las normas básicas de convivencia que afectan a los derechos de los demás. Sin embargo cuando se comete la incalificable falta de traicionar a toda la sociedad haciendo uso de lo publico para beneficio privado, se tardan tantos años en detectar y juzgar el delito que incluso se da ventajoso tiempo para que prescriban.

Espero y deseo que la informada, formada y civilizada ciudadanía europea del siglo XXI, como somos lo honorables y viejos ciudadanos de una tierra tan noble, tan importante y tan culta como el Campo de Montiel, evitemos el desastre vital que pretende imponerse en nuestra tierra.

Precisamente aquellos que no viven en ella ni viven de ella, se autoproclaman sus dueños, anteponiéndose y decidiendo sobre sus legítimos propietarios. Los esforzados y maltratados agricultores, ganaderos, hosteleros, cazadores, naturalistas, deportistas y demás beneficiosos y benefactores ciudadanos que han creado un entorno saludable para todos con duro y constante trabajo durante siglos. Como para que ahora en un abrir y cerrar de ojos se les robe algo tan incalculable como la salud, el derecho de propiedad, su cultura, su historia, su patrimonio natural y en definitiva nuestro modo de vida estable y saludable.

Quieren abrir en canal nuestra tierra y sacarle las entrañas. Matarla y esterilizarla extrayendo un mineral que enriquecerá a muy pocos que viven lejos de aquí, empobreciendo a todos los que viven aquí.

Nuestra tierra, es una zona de baja densidad de población y además de avanzada edad, fácil de invadir. Nos encontramos bien situados a nivel geográfico en un punto de Europa bien comunicado con los lugares donde se precisa el abastecimiento de este material. Allí, en aquellos lugares donde se fabrique y se venda la tecnología resultante es donde verdaderamente se incrementará la riqueza de los habitantes. Aquí nos dejarán un descampado improductivo donde no podrán vivir ni los valientes cardos manchegos.

Lo que pretende hacerse es algo experimental que nunca se ha llevado a cabo en ningún lugar del continente y lo han situado precisamente aquí por el poco respeto que demuestran por nosotros, nuestra tierra y nuestros valores. Lo que indican con este tipo de planteamientos es que nos prometen todo en campaña electoral y nos dejan sin nada una vez obtenido su objetivo.

El Campo de Montiel posee varias denominaciones de origen que facilitan la comercialización de los productos de esta tierra, como el queso manchego, el vino de Valdepeñas o el aceite del Campo de Montiel, que se verán seriamente afectados con la implantación de una actividad contaminante y degradante del territorio como la explotación minera a cielo abierto extrayendo monacita con probabilidad de emitir radiactividad atmosférica. Infiltraciones contaminantes a acuíferos, además de agotamiento de recursos hídricos dejando un terreno inerte.

La actividad hostelera, de ocio y de turismo rural que posee un buen potencial para desarrollarse y desarrollar la zona, desaparecerá por completo.

El recurso cinegético será impracticable.
Actividades tan esenciales como la agricultura, base económica y cultural de la comarca no podrán efectuarse porque los productos derivados del entorno de una extracción de monacita no son vendibles en un mundo que exige calidad y seguridad para el consumo humano.

Por si fuera poco, uno de los recursos potenciales más importantes y menos valorados del Campo de Montiel es su bellísimo paisaje cultural agrario. Mantenido en su esencia e integridad, prácticamente intacto desde el comienzo de su configuración como tal hasta el momento actual, habiendo sido contemplado por la genialidad de Cervantes, tal como lo vemos hoy. Constituyendo en la actualidad el reducto quijotesco más puro de todo el ámbito manchego.

Por estas importantes y sobradas razones alego respeto para los honorables ciudadanos de una Tierra Universal, forjada a través de los siglos con el incansable trabajo de sus moradores, dignificada con el intelecto magistral de Miguel de Cervantes Saavedra. Cuyo centenario de su muerte celebramos precisamente este año, y debemos honrar su memoria que tanto prestigia a España, protegiendo y promocionando unos paisajes, una cultura y una historia que reportará mayores, más justos y mejores beneficios para todos, con planteamientos de productividad sostenible y cuidadosa con el medio.

Que se modernice el olivar, que se ponga de regadío, que se creen aceites ecológicos, competitivos, que se potencie el turismo rural, que se planifique la caza para rentabilizarla en todo su potencial.
Y sobre todo que se destituya de todo cargo público a todo aquel que pretenda utilizarlo para su beneficio a costa del sacrificio de la calidad de vida de los demás.

Los ciudadanos merecemos el compromiso, el respeto y la eficiencia de hecho y no de palabra de todos aquellos que pretenden representarnos y además cobran por ello. Y no el palabrerío falso e interesado de embaucadores que se llaman políticos ensuciando lo que debiera ser el noble arte de la política.

Y los ciudadanos nos debemos el compromiso de hacer política participando con nuestra legítima opinión para evitar que nuestro entorno sea destruido.

Salvador Carlos Dueñas Serrano.
Febrero 2016

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