Castellar de Santiago villa perteneciente a la Comarca del Campo de Montiel. Está Situada en la zona sudeste de la provincia de Ciudad Real, en la ladera norte de Sierra Morena, rodeado de olivos, vides, y campos de labor. Sus montes son de encinas, jaras, marañas, juagarzos, retamas, tomillo, romero, mejorana, etc. donde abunda la caza.

Se encuentran huellas celtibéricas y romana en Parajes como La Atalaya Alta o Castellón que constituyeron antiguos asentamientos celtibéricos. De los asentamientos ibero-romanos se tiene una idea muy genérica de su presencia, salvo en restos arqueológicos en el Cerro Castellón que atestiguan esa presencia. Sitio inexpugnable este de "la porra del Castellón" situado al lado de un lugar de paso, la Vía Laminium, desviación de la vía romana Mérida-Zaragoza, y con un viejo yacimiento de oligisto.

La presencia árabe en Castellar fue tan poco determinante como fugaz, pero intensa ya que al formar parte del Campo de Montiel tuvo gran protagonismo en la dominación árabe, en sus incursiones, así como en los prolegómenos de la reconquista. El legado cultural dejado por ellos fue más de bautizar parajes y sitios que de asentamientos permanentes, ya que fue comarca de paso entre los campos de Montiel, Calatrava y Andalucía. Los árabes bautizan dos atalayas en la sierra del Cambrón conocido el sitio por los Angariles, y que figuran así en las Relaciones topográficas, refiriendo que estás desechas. También existe abundante toponimia conservada sobre la existencia de fortificaciones, sitios hoy conocidos como "Castrillón", "Castillejos", Cerro Atalayón", " Atalaya Alta", "Castellón".

En 1564 el rey Felipe II le concede la Independencia de Torre de Juan Abad, mediante el pago de 5.000 ducados, la mitad de los cuales se obtuvieron del arrendamiento de 20 años de la Dehesa Boyal.

En cuanto al entorno natural, los árabes en sus correrías por estos pagos, debieron quedar prendados por la riqueza de bosques de encinas y robledales, y bautizaron el paraje como "MATA DE VENCALIZ", el cual se situaba en la DEHESA DE LA MATA. El mencionado nombre de Mata de Vencáliz fue variándose con el tiempo como Mencaliz y subsistió hasta bien entrado el siglo XVI.

Historia del Municipio y hechos más destacados
Castellar de Santiago y su comarca ha estado habitado desde los primeros tiempos de la llegada del hombre a la península Ibérica. Con la gran montuosidad, la caza era muy abundante y los abrigos naturales que ofrece la sierra hacían la vida todo lo agradable que podía ser para el hombre primitivo. En el término de Aldeaquemada dejó su impronta en numerosas pinturas. Son numerosos los asentamientos de la edad del hierro en la zona, donde IBEROS Y CELTAS disfrutaron de este sitio estratégico entre la meseta y Andalucía. Lugar de paso hacia los puertos del mediterráneo, fue atravesado por el Camino de Aníbal en su expedición guerrera contra Roma, en la II guerra Púnica. La gran influencia de las minas de Obulco y Cástulo hizo que los romanos construyeran una importante vía, llamada por algunos HERCULEA y por otros AUGUSTA por las importantes mejoras que introdujo el citado emperador, en su trazado. Atravesando el "saltus Castulonensis" (Sierra Morena) podría haber atravesado el paso por Aldeaquemada y nuestro pueblo (carretera de Aldeaquemada) hacia MARIANA.

Con la decadencia del Imperio Romano y la debilidad de los pueblos germánicos, se propició la entrada en la península de los árabes hacia el año 711. Lo que en principio era una incursión de tanteo se convirtió en una invasión casi completa, a excepción de algunas zonas del norte de la península en que se mantuvieron algunos reinos cristianos. De esa época es el Castillo de Montizón, Las torres de Xoray, La torre de la Higuera,etc., en los términos vecinos de Villamanrique y Torre de Juan Abad estando enclavada geográficamente en otro paso natural de Andalucía a la meseta, por el valle del río Guarrizas.

En 1212, tras la victoria de las Navas de Tolosa, y de acuerdo al Diccionario Histórico Geográfico de la Provincia de Ciudad Real de D. Inocente Hervás y Buendía, el Arzobispo de Toledo permaneció en la fortaleza de Calatrava afianzando las posiciones recuperadas utilizando como armas la repoblación de los terrenos arrebatados a los invasores y el despojo junto a los Caballeros Calatravos de las plazas y Castillos a este lado de Sierra Morena.

La Torre o Castillete del cual toma su nombre el pueblo dejó entonces de usarse como bastión de vigilancia y defensa, y el más que probable primer asentamiento abrigado a su protección, descendió del actual cerro Castellón a su asiento definitivo en la loma formada entre los arroyos Este-Oeste de la Rambla y la Fontona, conocida como la Mata de Mencaliz, de donde cogió su nombre primigenio; Castellar de la Mata de Mencaliz.

Con la reconquista y el ensalzamiento de las Órdenes militares y su reparto de zonas de influencia, Castellar de de la Mata queda situado en el Campo de Montiel en la influencia de la Orden de Santiago; también en zona fronteriza de disputas territoriales entre las Órdenes. Su ubicación debió ser siempre la que actualmente ocupa ya que parece ser la mas adecuada con arreglo a las normas no escritas de establecimiento de población. (Cercana a río, a ser posible en su hoz si la tuviera, en altozano, para la evacuación de aguas de lluvia, protegida de los vientos del norte, cercana a camino o con enlace propio sobre otra vía); requisitos que se cumplen en esta villa.

Tras un crecimiento geométrico en las postrimerías del siglo XV y principios de XVI, amparada con las repoblaciones de la Orden de Santiago, y en presencia de la Cañada real Conquense que comunicaba Andalucía con las Sierras Altas de Cuenca y el Mediterráneo, se libertó del Señorío de la Torre de Juan Abad mediante carta de independencia del Rey Felipe II firmada el 14 de Septiembre de 1564, mediante el abono de cinco mil ducados que sirvieran para sufragar las costosas guerras contra el turco. Tendría entonces 360 vecinos, de los cuales 30 eran Hidalgos.

La carta de independencia definió su actual término municipal con “una legua de cinco mil varas” a la redonda, desviando la Cañada Real Conquense conocida como “Vereda de los Serranos” por los límites con la Torre de Juan Abad el paso de los ganados trashumantes en busca de los mejores pastos estacionales del sur.

Iglesia Parroquial

Iglesia Parroquial de Santa Ana, de mediados del XVI corresponde a tipología de iglesias toledanas y manchegas de tradición mudéjar, asentándose exteriormente sobre un terreno irregular, necesitando elevar la altura de sus pies sobre un montículo de piedra artificial para equilibrar el alzado.

Su decoración exterior es prácticamente inexistente como corresponde a los templos renacentistas españoles

Su interior alberga la hermosa imagen del barroco tardío del Cristo de la Misericordia; soberbia talla del maestro toledano Giraldo de Merlo que muestra al Cristo en la Cruz. En 1619 Pedro Abarca, Clérigo Presbítero de la Villa encargó la imagen en madera de la Sierra de Cuenca por 850 reales, llegando con el tiempo a ser la imagen más venerada: El Santo Patrón.

En su fundación pudo se foco de peregrinación Benedictino, citando varios cronistas la presencia en la iglesia de reliquias del Santo.

Santa Ana es una buena muestra del triunfo de los presupuestos puristas: la sencillez de las líneas; la austeridad decorativa; el empleo de elementos arquitectónicos con un matiz ornamental; la iluminación matizada determinada por los escasos vanos, localizados con preferencia en el crucero; la economía de materiales, con gran preferencia del ladrillo, reservando la sencilla piedra moliz para las portadas y lugares de refuerzo; la medida en proporción son algunas de sus características más señaladas.

El templo tiene planta de cruz latina. Consta de una sola nave central con brazos del crucero poco desarrollados y está rematada con una espadaña con tres campanas realizada en forma de arco triunfal, terminada en frontón triangular coronado por su cruz y veleta de hierro. Se trata, sin duda, de un añadido posterior.

Los muros de edificación son de mampostería basta con gruesos contrafuertes mezclados con verdugadas de ladrillo que sustituye a las piedras en las esquinas y en el dovelaje de los vanos. Posee dos puertas de acceso con pórticos de piedra arenisca roja.

Ocupando el centro del tramo central del lado sur se abre la portada principal, de gran monumentalidad. El arco sobre el que se articula todo el conjunto es de medio punto, ligeramente peraltado. Las jambas son rectas, a modo de simples pilastras. Esta sencilla estructura se engloba dentro de un marco clasicista, a modo de arco triunfal. A los lados poderosas jambas, construidas sobre núcleos apilastrados cruciformes, con tres semicolumnas adosadas toscanas. Sobre las jambas se dispone un doble entablamento. Su friso no se decora, prevaleciendo la pureza de su austera decoración. El segundo cuerpo se compone de una hornacina bajo cúpula semiesférica, englobada por un rectángulo, y en su clave una inscripción nos revela la fecha de su término (año 1680). Por encima de la portada encontramos restos de una cornisa de ladrillo, demostrando la presencia de una intervención posterior

Arquitectónicamente en su Interior la iglesia parroquial de Santa Ana desarrolla planta de una sola nave, con presbiterio poligonal de cinco lados, con brazos del crucero apenas esbozados, como es habitual en el modelo de templos difundidos en la segunda mitad del siglo XVI en la zona manchega, por influencia de los planteamientos de Juan de Herrera, arquitecto de El Escorial.

El presbiterio, semiesférico, adorna su liso paramento mediante cuatro altas pilastras toscanas en ángulo. Sus capiteles resaltan sobre el entablamento, que a modo de franja decorativa recorre toda la línea de impostas, prolongándose ininterrumpidamente por los brazos del crucero hasta el cuerpo de la nave.

Sobre el crucero una falsa cúpula sostenida por cuatro pechinas. El cuerpo principal se divide en tres crujías separadas por pilastras toscanas, dispuestas sobre zócalo corrido, sin basas. La bóveda, de cañón, sin lunetos, queda dividida en cuatro elementos mediante sencillos arcos fajones de medio punto, apoyándose sólo tres de ellos en sus correspondientes pilastras, mientras que el correspondiente a la zona de la portada carece de apoyo.

Los brazos del crucero son poco profundos, sustentados sobre cuatro pilastras toscanas con sus correspondientes capiteles y entablamento. Se cubren con bóvedas de cañón, sencillas. En el muro de unión entre los brazos y el presbiterio se abren pequeñas capillas-hornacinas, protegidas con verjas de hierro. En el lado de la epístola se abre un nicho, sobre grada, frente a la que se dispone la pila bautismal, con taza gallonada, sobre pedestal
(Fuente: Pilar Molina Chamizo: Iglesias parroquiales del Campo de Montiel. 1243-1515. Ciudad Real, Biblioteca de Autores Manchegos, 1994.)

Casas blasonadas y escudos

En la villa existen tres casas blasonadas con iguales motivos heráldicos, posiblemente de las últimas familias hidalgas de la villa. Poseyó además Castellar, según el Cardenal Lorenzana, dos ermitas dedicadas a la Virgen de la Encarnación y a San Roque, hoy ya no existen. Sabemos también que había en tiempos de la Guerra de la Independencia un hospital y dos pósitos. En el siglo pasado sabemos que Castellar tenía diez alfarerías de obra parda vidriada para el fuego, tres tahonas, un molino de viento y dos de aceite. La loza se vendía en toda España y se le conocía como Castellar de los Pucheros.

Además resulta posible visitar los distintos puntos como el Cerro el Castellón, en los que en sus faldas encontramos una mina de hierro de origen Celtibérico, en la que se puede adentrar unos metros (en verano más por estar seca) en invierno se puede entrar muy poco porque se anega de agua.

 

Fuente: http://www.castellardesantiago.com